En Aragón, así como en toda la España sin lengua cooficial, la lengua que se enseña a los niños desde pequeños es una variedad estándar del idioma español, idéntica para todas las regiones del país. Y alguno de vosotros os preguntaréis, ¿y qué hay de malo en esto? Pues os lo voy a intentar explicar.
El español es una lengua viva, con miles de variedades y registros, en continua evolución, como es natural en cualquier lengua hablada hoy en día. Recibe constantemente influencias de un y otro idioma, se crean nuevas palabras, otras dejan de usarse. Eso es lo natural en una lengua. Sin embargo hay gente que parece que quiera que la lengua española sea única y que perdure prácticamente fija hasta en los fin de los tiempos, una lengua pura. No hay nada más contra natura que esto. Y aunque desde la enseñanza algo sí consiguen, nunca conseguirán uniformar la lengua del todo, porque los dueños de la lengua somos los hablantes, no los académicos.
Yo no estoy en contra de unas normas básicas para la lengua, que ayuden a poner un poco de orden en el caos de la lengua oral, tan heterógenea, pero es que lo que realmente están haciendo hoy en día las academias es la regulación de "todo", poniendo muchas veces más trabas que beneficios y entorpeciendo el verdadero fin de la lengua, que es, sin ninguna duda, ser un medio práctico para la comunicación entre las personas.
Y es en este ansia por querer purificar, ordenar y regular la lengua hasta límites insospechados, transmitiendo esto después a la enseñanza, cuando se están "cargando" al idioma. Se están cargando al idioma y se están cargando la diversidad que hay en él.
En la escuela aragonesa, la lengua que se enseña a los niños desde pequeños no es, ni de lejos la lengua de la calle, la lengua de sus padres y abuelos. Es una lengua que suena ajena a oídos de los pequeños muchas veces, pero que éstos como sus padres, acatan porque es lo que está bien. Y la misma escuela desprestigia muchas veces las formas dialectales que los pequeños traen desde casa, llegando a tratar, no sé si por desconocimiento o por afán "purificador", los aragonesismos y localismos como meros vulgarismos. Y no se dan cuenta cuánto daño está haciendo esto último generando un gran desapego de los niños por la lengua que maman en sus casas. Pero a su vez, tampoco consiguen que estos niños sientan como suya la lengua que les enseñada en las escuelas. Aunque sí que reconocerán que, como les han enseñado en la escuela, eso es hablar bien el español, y lo que se habla en casa es hablar mal o hablar basto.
¿Y qué es lo que yo propongo? En mi opinión, la lengua que debería a enseñarse a los niños pequeños es la lengua local, lengua con la que se sienten más identificados por ser la que hablan en casa y con la que juegan y conviven. La lengua estándar, que por otra parte empezarán a conocer en los dibujos animados y en la televisión, debería ser introducida poco a poco mediante la lectura de textos en la variedad estándar y en las otras variedades dialectales del español. Así, los niños conseguirían sentir como propia su lengua, por ser la variedad dialectal de su región, y a su vez disponer del vocabulario necesario para poder entenderse con los ciudadanos de otras regiones y con otras variedades dialectales.
Porque es muy triste ver a niños corregir a sus abuelos palabras aragonesas que estos han utilizado toda la vida y no son mejores ni peores que los vocablos castellanos: "Abuelo, la nieve no se regala, la nieve se derrite.", o "Abuela, que chaminera está mal dicho, no sabes hablar, se dice chimenea." O esbarizar por resbalar, o enreligar por liar, o pozal por cubo, o laminero por goloso, etc.
"Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos"
Hace 16 años.


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